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LOS TRES PILARES DE LA GOBERNANZA GLOBAL

DISMINUCIÓN DE LA POBREZA MUNDIAL 1820-2011

Existen tres pilares básicos que deben implementarse, en el ámbito de las Ciencias Sociales, en relación a las normas que nos deben guiar a nivel global, para la búsqueda de una mejor governance mundial del futuro.

A) El primer pilar pertenece al ámbito de lo público, de la Administración, de las instituciones y del ordenamiento jurídico-político. Es el paso de gobierno a gobernanza, se caracteriza por la inclusión de actores privados (empresas y organizaciones no gubernamentales) y sociedad civil, en la gestión de lo público. Esto es posible, desde el punto de vista teórico, gracias a la evolución del concepto de federalismo integral, que permite implementar en un nivel supranacional, las democracias liberales, mediante el desarrollo de un constitucionalismo multinivel, que proteja el Estado de Derecho. Este sistema constitucionalista debe funcionar como un complejo mecano que permita encajar las instituciones nacionales y supranacionales, en un entramado reformista que tienda hacía el autocontrol y la autoprotección de las democracias liberales.

Las democracias liberales o constitucionales, representativas, garantizan de manera más eficaz el desarrollo, la paz y la prosperidad de las naciones, mediante la delimitación funcional de las transferencias y competencias de cada nivel. Dedicaré próximamente una entrada en exclusiva a fundamentar esta afirmación. 

B) El segundo pilar pertenece al ámbito privado, al área empresarial. Se refiere a la paulatina transformación del sistema capitalista actual en un capitalismo más regulado, que suavice las asimetrías y las injusticias, aún demasiado exacerbadas, a pesar de los enormes logros de los últimos 200 años.

El sistema de libre mercado, combinado con las democracias constitucionales, aun siendo imperfecto, es el mejor de los sistemas conocidos y testados: los hechos y las estadísticas lo demuestran. La lucha contra el hambre,  contra las enfermedades, el aumento de la esperanza de vida, de la prosperidad y la disminución de la pobreza o de la mortalidad, son datos y hechos irrefutables. Es cierto que también en el seno de determinados países han aumentado las desigualdades, pero en términos absolutos, la pobreza continúa su paulatina e inexorable disminución. El objetivo primordial debe ser la desaparición de esta última. La tendencia es que en los países avanzados se produzcan reequilibrios a la baja, y en los emergentes, enormes masas de población finalmente accedan a la clase media. El balance en términos absolutos es siempre favorable a la reducción de la pobreza.

La inclusión de elementos tradicionalmente característicos de la esfera pública, como la transparencia, la rendición de cuentas, la responsabilidad no solo jurídica, si no también social en la esfera de la empresa privada, a través de los elementos de responsabilidad social corporativa y de la implantación del gobierno corporativo, demuestran como no solo asistimos a un transvase de lo privado a lo público, mediante la inclusión de la gestión privada en el ámbito de la administración, si no también, al contrario, de lo público en lo privado. La globalización de estos conceptos, junto con la implantación de las nuevas tecnologías en la empresa y en la administración, han favorecido la integración de los dos sectores, en lo que los británicos han denominado el new public management. Tras la primera ola de privatizaciones de los años noventa, se ha pasado a una racionalización y reajuste, mediante la inclusión de la sociedad civil, de la empresa  y de las organizaciones no gubernamentales en la gestión público-privada.

C) El tercer pilar pertenece al ámbito científico y tecnológico; es decir, al papel que protagonizan las nuevas tecnologías en todo este proceso, como herramientas fundamentales de desarrollo. Mediante las nuevas tecnologías, tenemos a nuestra disposición instrumentos de control y distribución que permiten la constitución de instituciones gestoras y administradoras de los recursos, a escala global, por vez primera en la historia del hombre.

La regulación del sistema permite administrar los recursos de forma más racional y justa, mediante aplicaciones prácticas en el ámbito macroeconómico. Gracias a instrumentos como Internet, los sistemas de auditoría en tiempo real, la implementación paulatina de sistemas de fiscalidad progresiva transnacional, la estadística aplicada, y el creciente buen uso de bases y cruces de datos, se pueden obtener resultados de ecua distribución y buena gobernanza. La aplicación de los más avanzados sistemas de «information and communication technology», permiten un constante intercambio de información que garantiza un control real de los recursos y de las riquezas. Además el auge de la llamada economía colaborativa, que funciona mediante miles de plataformas electrónicas de intercambio de productos y servicios, está suponiendo un cambio radical en los comportamientos humanos de consumo y un desafío frontal a las empresas tradicionales. Crecen exponencialmente las aplicaciones para permitir el intercambio de alojamiento, de medios de transporte, los préstamos económicos o crowdfunding, y el trueque de bienes y servicios.

 

Urge una adaptación realista de los Derechos nacionales e internacionales, y sobre todo se hace más que nunca necesaria, la protección de la libertad individual en la disposición de la propiedad privada. En primer lugar para permitir que compartir en vez de poseer, sea un derecho con todas las garantías y no colisione con las empresas de bienes y servicios tradicionales. Y en segundo lugar para que aquellas nuevas plataformas electrónicas, cumplan tanto con la legislación, como con las exigencias fiscales a pesar de su intangibilidad aparente. Las administraciones deben buscar fórmulas de reembolso de licencias o liberalización de sectores regulados, para evitar los conflictos entre estos y el derecho individual a disponer de los propios bienes y servicios.

PRIMER PILAR: ¿Qué es el federalismo global o integral?

Reducción pobreza extrema entre 1990 y 2015

Derivado de las teorias federalistas de Alexander Marc y Denis de Rougemont, el federalismo global o integral, es el sistema que busca acceder a una gobernanza mundial más justa gracias a la construcción efectiva de  un constitucionalismo multinivel dinámico. El federalismo integral ofrece esta solución al suministrar modelos de gobierno plural y multinivel, de cooperación y de consentimiento mutuo. De esta manera consigue conciliar diferentes sentimientos identitarios aceptando la existencia de realidades asimétricas y de geometría variable e integrándolas en una realidad superior y global. Así mismo permite establecer esa división y organización territorial del poder atribuyendo competencias y tareas a cada nivel o esfera de gobierno territorial (local, regional-autonómico, estatal, supraestatal y mundial). En definitiva, el sistema federalista ofrece la posibilidad de crear una sinergia entre dos polos de atracción opuestos: la atracción de la globalización y la fascinación por lo local y cercano. El federalismo puede facilitar notablemente el imparable proceso globalizador, dado que la globalización obliga a una «federalización de la política».

 

Ante los nacionalismos exacerbados en auge en Europa, hay que revisar el principio de autodeterminación de los pueblos. Se podría incluso definir, con todas las precauciones y reservas, como un principio anacrónico, ya que tuvo todo el sentido en momentos históricos claves como el fin del colonialismo, pero hoy en día habría que reflexionar sobre su alcance y vigencia. Los problemas de autodeterminación de determinados pueblos, todavía existentes hoy en día, como Kurdistán o Palestina, deben resolverse mediante soluciones políticas, caso por caso, por parte de la comunidad internacional en los foros internacionales adecuados, pero debemos descartar las declaraciones unilaterales de autodeterminación (al estilo Kosovo). Un consenso de la comunidad internacional en este sentido sería más que deseable, ya que desinflaría las aspiraciones partidistas y populistas de partidos nacionalistas instrumentales, orientados solo a la conquista del poder político mediante la polarización de la sociedad, apelando a pretextuosos sentimientos identitarios. Los límites del federalismo se encuentran, de forma jerárquica, en el principio de subsidiariedad, y en la revisión, recién expuesta del principio de autodeterminación de los pueblos. Un objetivo real podría ser no tanto reducir el número de conflictos, sino la posibilidad de que existan instrumentos institucionales para superar los que surgiesen.

Considerando que el sistema mundial va a seguir estando constituido por Estados soberanos, la idea de progreso va indisolublemente ligada al aumento de la cooperación entre ellos, que propicie el nacimiento de instituciones que sirvan a los propósitos de la cooperación y la fortalezcan. En definitiva, el futuro del sistema mundial se va a fundamentar en la calidad de la convivencia entre los Estados. Por ello, un mundo más semejante a la Unión Europea, a pesar de sus percances y fracasos, es lo deseable. El futuro de la UE y del mundo en general será ambiguo. En los próximos diez o quince años, se tenderá hacia una mayor multipolaridad con mayores restricciones a la libertad de actuación de Estados Unidos, con la posibilidad de que la cooperación se refuerce en algunas cuestiones, como en materia de medio ambiente, mientras que se detenga en otras, como en materia de derechos humanos, e incluso retroceda, como en el caso de algunos conflictos regionales.

La cooperación puede organizar e introducir un ingrediente de justicia en los procesos globales, pero provocará un aumento de la competencia al mismo tiempo. Viviremos un mundo más complejo –probablemente, más competitivo– aunque exista una mayor cooperación e institucionalización. Es por ello que los foros de cooperación, como las Naciones Unidas, deben fomentar estándares mínimos en búsqueda de una siempre mayor integración, como en la Unión Europea.

SEGUNDO PILAR: RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA Y NEW PUBLIC MANAGEMENT

World Population 1990-2100

El segundo pilar pertenece al ámbito privado, al área empresarial. Se refiere a la paulatina transformación del sistema capitalista actual en un capitalismo más regulado, que suavice las asimetrías y las injusticias, aún demasiado exacerbadas, a pesar de los enormes logros de los últimos 200 años.

 

El sistema capitalista liberal, de libre mercado, combinado con las democracias constitucionales, aun siendo imperfecto, es el más efectivo de los sistemas conocidos y testados: los hechos y las estadísticas lo demuestran. La lucha contra el hambre, contra las enfermedades, la reducción de la mortalidad infantil, el aumento de la esperanza de vida, junto con el aumento de la prosperidad y la disminución de la pobreza, son datos y hechos irrefutables. Es cierto que también en el seno de determinados países han aumentado las desigualdades, pero en términos absolutos, la pobreza continúa su paulatina e inexorable disminución. El objetivo primordial debe ser la reducción de esta última. La tendencia es que en los países avanzados se produzcan reequilibrios a la baja, y en los emergentes, enormes masas de población finalmente accedan a la clase media. El balance en términos absolutos es siempre favorable a la reducción de la pobreza.

La inclusión de elementos tradicionalmente característicos de la esfera pública, como la transparencia, la rendición de cuentas, la responsabilidad no solo jurídica, si no también social en la esfera de la empresa privada, a través de los elementos de responsabilidad social corporativa y de la implantación del gobierno corporativo, demuestran como no solo asistimos a un transvase de lo privado a lo público, mediante la inclusión de la gestión privada en el ámbito de la administración, si no también, al contrario, de lo público en lo privado. La globalización de estos conceptos, junto con la implantación de las nuevas tecnologías en la empresa y en la administración, han favorecido la integración de los dos sectores, en lo que los británicos han denominado el new public management. Tras la primera ola de privatizaciones de los años ochenta y noventa, se ha pasado a una racionalización y reajuste, mediante la inclusión de la sociedad civil, de la empresa  y de las organizaciones no gubernamentales en la gestión público-privada.

Si nos posicionamos en una perspectiva optimista, casi idealista, sería deseable construir un sistema internacional que trajera mayor estabilidad combinada con ventajas económicas que se distribuyeran de forma amplia y equitativa. El sistema debe evolucionar hacia un modelo menos financiarizado, más humanista y solidario y, en el marco de un Globalismo basado en la responsabilidad social empresarial como nueva y eficaz herramienta de gestión empresarial. Hay que tender hacia un capitalismo de corte humanista, propiciado por la paulatina elevación de la ética y de la conciencia de la humanidad, en las próximas generaciones.

Un marco básico de herramientas de responsabilidad social corporativa, garantizadas por las instituciones, deben convertirse en obligatorias para las empresas. La actualización de la normativa mercantil y la introducción de pautas y códigos de conducta en los gobiernos corporativos empresariales, se hace necesaria. Solo así parece factible la transición desde una economía especulativa a una economía de desarrollo global sostenible que reduzca todo lo posible las asimetrías sociales o el deterioro ecológico.

Desde el punto de vista económico, ningún modelo puede garantizar el bienestar de la mayor parte de la humanidad mejor que el sistema capitalista liberal, que es el que mejor propicia el desarrollo y la implantación del libre mercado, del libre comercio y de la extensión gradual de la propiedad privada empresarial. Un modelo que, en definitiva, garantiza a los seres humanos la capacidad de emprender libremente y de ser dueños de su bienestar y de su futuro.

Pero el sistema liberal no puede estar basado en la financiarización sin límites y en la codicia sistémica. Esto nos ha llevado a esta crisis de confianza en los mercados de capitales y a una crisis económica y social de importantes dimensiones hoy todavía imprevisibles. Se debe perfeccionar el sistema buscando soluciones prácticas y límites, gracias a los sistemas de control informático y los principios del humanismo y de la ética: valores irrenunciables en un modelo económico y social que pretenda ser universal y garante de la extensión total de igualdad de oportunidades entre todos los ciudadanos del mundo.

Los sistemas de control deben implementarse y los nuevos capitalistas no solo han de ser eficientes en su gestión, sino especialmente transparentes en su ejecución y explicación pública y, sobre todo, éticos en la implementación de la misma.

En definitiva, el humanismo implica tener en cuenta a las personas y a sus necesidades vitales y emocionales, mientras que la ética supone ejercer y compartir con honradez y solidaridad el poder económico y la riqueza que una sociedad libre entrega cada vez con mayor amplitud a los agentes económicos privados.

Por otra parte, políticos y agentes sociales tales como sindicatos e instituciones del tercer sector (ONG, fundaciones, etc.) han abierto un amplio debate sobre la necesidad de incorporar elementos de la responsabilidad social de la empresa mediante impulsos normativos obligatorios en el ámbito mercantil que transformen y mejoren gradualmente el modelo capitalista tradicional.

El nuevo entorno en el que operan las empresas se caracteriza por dos hechos interdependientes: la globalización y el aumento de los requerimientos sociales respecto al papel que las empresas han de jugar en un mundo globalizado.

La problemática económica, social y medioambiental existente en nuestro planeta y las consecuencias de la globalización hacen que la concepción tradicional del sector privado resulte insuficiente en la actualidad.

Los cinco fundamentos que  según el Profesor Olcese Santonja constituyen la base del nuevo paradigma de la empresa responsable y sostenible son:

-   La apertura y sensibilidad hacia el entorno.

-   El sentido de comunidad.

-   La capacidad innovadora.

-   La consideración del largo plazo.

-   La creación de valor.

 

La economía de mercado basada en la propiedad privada no está en crisis; lo que está en entredicho son las normas y pautas de conducta abusivas de las grandes corporaciones empresariales y de sus dirigentes.

TERCER ( Y ÚLTIMO) PILAR: LAS REVOLUCIÓN DIGITAL

El tercer pilar pertenece al ámbito científico y tecnológico; es decir, al papel que protagonizan las nuevas tecnologías en todo este proceso, como herramientas fundamentales de desarrollo. Mediante las nuevas tecnologías, tenemos a nuestra disposición instrumentos de control y distribución que permiten la constitución de instituciones gestoras y administradoras de los recursos, a escala global, por vez primera en la historia del hombre.

La regulación del sistema permite administrar los recursos de forma más racional y justa, mediante aplicaciones prácticas en el ámbito macroeconómico. Gracias a instrumentos como Internet, los sistemas de auditoría en tiempo real, la implementación paulatina de sistemas de fiscalidad progresiva transnacional, la estadística aplicada y el creciente buen uso de bases y cruces de datos, se pueden obtener resultados de ecua distribución y buena gobernanza. La aplicación de los más avanzados sistemas de «information and communication technology», permiten un constante intercambio de información que garantiza un control real de los recursos y de las riquezas. Además el auge de la llamada economía colaborativa, que funciona mediante miles de plataformas electrónicas de intercambio de productos y servicios, está suponiendo un cambio radical en los comportamientos humanos de consumo y un desafío frontal a las empresas tradicionales. Crecen exponencialmente las aplicaciones para permitir el intercambio de alojamiento, de medios de transporte, los préstamos económicos o crowdfunding, y el trueque de bienes y servicios.

Urge una adaptación realista de los Derechos nacionales e internacionales, y sobre todo se hace más que nunca necesaria, la protección de la libertad individual en la disposición de la propiedad privada.

En primer lugar para permitir que compartir en vez de poseer, sea un derecho con todas las garantías y no colisione con las empresas de bienes y servicios tradicionales. Y en segundo lugar para que aquellas nuevas plataformas electrónicas, cumplan tanto con la legislación, como con las exigencias fiscales a pesar de su intangibilidad aparente. Las administraciones deben buscar fórmulas de reembolso de licencias o liberalización de sectores regulados, para evitar los conflictos entre estos y el derecho individual a disponer de los propios bienes y servicios. 

Pero las nuevas tecnologías también entrañan desafíos y peligros. Conceptos como "Democracia sentimental" o "Democracia algorítmica" implican la posible manipulación del usuario del "Matrix" digital. Según un reciente estudio, los usuarios leemos el 44% de las noticias a través de nuestras RRSS. Si nuestro timeline se llena de publicidad sobre algo que nos interesa, por qué no se va a llenar de titulares que nos satisfagan o nos enfaden? Realmente nuestra infromación es libre en la red? Dónde van los "likes" que emitimos?

Así mismo, los partidos políticos que apelan siempre a sentimientos y reacciones básicas y viscerales, utilizan esos impulsos de forma racional para favorecer un diálogo, o más bien de forma rupturista para generar la fractura que le va a resultar más rentable a nivel electoral?