GIBRALTAR Y EL BREXIT EN UN MUNDO GLOBALIZADO - ARTÍCULO PUBLICADO 02.01.2019-

Escuchar a Pedro Sánchez y Theresa May durante los días posteriores a la firma del acuerdo de divorcio ente la Unión Europea y Reino Unido ha sido bastante desconcertante. Algo parecido a como se comentan los resultados electorales hoy en día: nadie admite la derrota y todos afirman haber ganado. Cada uno de ellos subrayó insistentemente que la otra parte no había conseguido sus objetivos. Para alguien lego en la cuestión esta “reinterpretación” interesada de las negociaciones, además, añadió confusión al anómalo hecho de que un peñón en el sur de España siga perteneciendo al Reino Unido en el S. XXI. ¿Una colonia de otro país europeo en territorio español? El Derecho Internacional se basa en dos principios fundamentales: el derecho a la integridad territorial del estado-nación reconocido y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Tras la Paz de Westphalia de 1648, las naciones-estado se convierten en los sujetos soberanos del derecho internacional participantes en determinados foros, como la ONU o la UE, donde se afrontan las cuestiones internacionales y se ejerce desde el punto de vista práctico la diplomacia de nuestros países. El hecho fundacional, para que una nación exista, es que los demás países y estas organizaciones internacionales, te reconozcan como tal, públicamente, y puedas ratificar tratados como sujeto jurídico de Derecho Internacional. Pero el derecho de autodeterminación y el de integridad territorial no son principios rígidos y estáticos. Más bien, cada día vivimos situaciones donde tanto uno como el otro se ponen en cuestión. ¿Qué es el intento de los secesionistas catalanes, si no un ataque desde sus instituciones de romper la integridad territorial de España? ¿Y qué son las reivindicaciones de los Kurdos? ¿O el conflicto palestino-israelí? ¿O el Sahara Occidental? Todos ellos son ejemplos no resueltos de tensión territorial. Cierto es también que estos conflictos están hoy en día bien identificados, gracias a la enorme cantidad de información que manejamos y a que, en un mundo globalizado, las distancias se han visto notablemente reducidas. La descolonización de finales de los ’60 emancipó a la mayoría de los países de las naciones extranjeras que los dominaban, pero siguen existiendo, como hemos apuntado antes, casos concretos aún por resolver. El de Gibraltar es uno de ellos. ¿Por qué las voces críticas con el Gobierno español afirman que se ha perdido una enorme oportunidad? La cesión en el Tratado de Utrech de 1713 por parte del Reino de España al Reino Unido se recoge en el Art. X de este con estas palabras traducidas del latín: “Artículo X. El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos u de las naves surtas en el puerto. Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarían al fisco, y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados… “Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.” De ellas se deduce un hecho crucial: que España tiene derecho a recuperar su soberanía en determinadas circunstancias, y una de ellas es el cambio en el estatus del peñón. Este hecho se materializó con el referéndum de 2006 que permitió el Reino Unido y propugnó el auto-gobierno de Gibraltar. La negociación del Brexit era el momento más propicio para reivindicar ante el Reino Unido, con fuerza, esta circunstancia, pero la realidad es que no ha habido ningún cambio, lo cual, a efectos prácticos, beneficia más a Reino Unido que a España. ¿Está la comunidad internacional lo suficientemente madura para afirmar que el derecho de autodeterminación de los pueblos es un derecho superado, que debemos solucionar ad hoc los casos concretos de conflictos étnicos locales, como el de los kurdos o los palestinos, pero que debemos transcender este principio, para no dar cabida a más reivindicaciones pretextuosas? La cuestión es preguntarse con sinceridad si en un mundo interconectado y globalizado no empiezan a perder sentido tales reivindicaciones. Es así mismo desconcertante como los grandes adalides del derecho de autodeterminación de los pueblos, es decir las izquierdas, se muestran tímidas, por no decir calladas, ante la reivindicación de Gibraltar. Pareciera que solo reivindican asuntos lejanos geográficamente, para quedar bien de cara a la galería, pero no afrontar el problema en casa. Otro ejemplo más de la paradoja de las izquierdas españolas. Se supone que la izquierda siempre tuvo vocación internacionalista (recuerden “La Internacional” y la revolución proletaria sin fronteras que propugnaban sus líderes) pero en España apoya el secesionismo (de base xénofoba y excluyente, enarbolando un hecho diferencial) y no defiende el fin de las colonias en territorio propio. Curioso.

 

Artículo publicado el 2.1.2019 en www.foroespana.com 

 

https://www.elforoespana.com/gibraltar-y-el-brexit-en-un-mundo-globalizado/?fbclid=IwAR2EUEbgh5S2z2gpIz58CbvLu64p2sVCpkNGycBNWTOAnm8VWJqAjlv9faY

 

Alessia Putin Abogada y Profesora de Derecho&Relaciones Internacionales

LA ESPERANZA EUROPEA: DE LA GRANDEZA DE LA UNIÓN A LA MISERIA IDENTITARIA - Propuestas y soluciones en el 60º aniversario del Tratado de Roma:

Celebración en Roma del 60º Aniversario dela UE

Los olvidados Padres Fundadores (Monnet, Adenauer, De Gasperi y Schuman) junto con otros grandes gurús del proyecto pan-europeo como Aristide Bertrand, Ortega y Gasset o Unamuno, anhelaban una Europa próspera y en paz, e inspiraban las teorías federalistas integrales de Alexander Marc y Denis de Rougemont, cuyo objetivo principal era la búsqueda de la Paz Perpetua kantiana y una más justa gobernanza global.

Con el tiempo, esta primera utopía europea, la de la unión económica, se materializó con éxito, en un complejo entramado competencial y normativo, amparado por el constitucionalismo multinivel, que gracias al sistema de checks&balances, garantiza el funcionamiento conjunto (como todo, siempre mejorable) de sus instituciones.

La segunda utopía, la de la unión política, en cambio, aún está por cumplirse. Pero desde hace unos años, seguramente debido al efecto de la gravísima crisis financiera (y de una profunda ignorancia histórica), algo falla en el sentimiento de progreso y en el entusiasmo de las futuras generaciones.

Se ha instalado en nuestra sociedad un meta-relato aciago y pesimista sobre la ineficacia y la ineficiencia de las instituciones europeas. La narrativa del fracaso se repite en los miles de artículos sobre el Brexit, el Grexit (y quién sabe si ahora incluso el Frexit), la crisis del Euro, o la desgarradora crisis migratoria y humanitaria. La gente parece haber olvidado el porqué del proyecto pan-europeo, y el éxito, sin precedentes, de una construcción integradora, que ha pacificado el continente desde su creación, dotando de una prosperidad desconocida a sus habitantes, durante cuatro generaciones. La frustración de determinados sectores de la población, en su mayoría jóvenes, se canaliza en movimientos antisistema, antieuropeos y, en general, antiglobalización.

Pero como bien apunta el sociólogo Ulrich Beck, no existe alternativa nacional a la globalización. La interdependencia de los Estados, de los individuos y de las instituciones es imparable, como demuestran, en primer lugar, la tozuda realidad y, de forma más académica o teórica, y solo a modo de ejemplo, los estudios de los Premios Nobel, Diamond, Mortensen y Pissarides o las obras de los economistas Alesina, Acemoglu y Robinson.

La pregunta, a la que urgentemente hay que buscar respuesta, es ¿Qué puede hacer Europa para ofrecer, una vez más, soluciones y no enconar el problema identitario, al que algunos nos quieren conducir?

La compleja respuesta está en dar el salto de una unión económica a una unión política. Renovar y reforzar el sentimiento europeo de sus habitantes. Compactarse en un bloque único a nivel mundial, con una sola voz. Ser, una vez más, el centro neurálgico del progreso, ofreciendo soluciones creativas y pragmáticas en un mundo globalizado .

En este sentido, se hace necesario reforzar los lazos ciudadanos europeos mediante un conjunto de medidas legislativas parlamentarias y de la propia Comisión, que reduzcan la negativa e inútil lectura en clave nacional o local (el ejemplo de Valonia es un peligroso precedente) de las políticas públicas y las elecciones al Parlamento Europeo.

En primer lugar, permitir que los ciudadanos puedan votar directamente al Presidente de Europa, como en un sistema presidencial, para sentirse parte de la elección del líder, personalizar la dirección programática y participar activamente en el sistema.

A nivel nacional, promover que los ciudadanos de la Unión, residentes en terceros estados miembros, puedan votar en las elecciones generales del país de residencia, ya que sin el reconocimiento de este derecho fundamental difícilmente se logrará una verdadera integración ciudadana, participativa y representativa, en la sociedad civil del país de la UE de residencia.

Por último, permitir que los partidos políticos nacionales mantengan un porcentaje de sus listas electorales para ciudadanos extranjeros europeos residentes en el país.

Medidas urgentes para sentirse realmente ciudadano de la Unión Europea, al alcance de la voluntad política de los actuales líderes y que, además, deberían complementarse con el necesario impulso a las Políticas Europeas de Seguridad y Defensa: el reforzamiento del control de fronteras periféricas, por el Frontex y la Europol, y con un aumento de las competencias del Servicio Europeo de Acción Exterior.

En definitiva, responder a la creciente crisis económica y social que está golpeando la UE, con un impulso ilusionante y renovador del proyecto para el conjunto de la sociedad civil. Este sería sin duda el mejor antídoto contra los peligrosos endemismos de la democracia que están emergiendo en la Unión Europea y que bajo la apariencia identitaria de algunos populismos, nacionalismos o radicalismos, confluyen en una preocupante anti-política que centrifuga este Proyecto Europeo que nos ha permitido el mayor periodo de paz, prosperidad y democracia que nunca había conocido Europa.

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Alessia Putin es Abogada y Doctora en Derecho

 

Este artículo fue publicado en el número de Marzo 2017 de la revista Moneda Única 

 

https://issuu.com/moneda_unica/docs/moneda_unica_159/61 

LA ESPERANZA EUROPEA: DE LA GRANDEZA DE LA UNIÓN A LA MISERIA IDENTITARIA